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Cultura

La ideología se esconde en el lenguaje, la literatura y la cultura

Un ensayo analiza cómo la ideología no se declara explícitamente, sino que se naturaliza en el lenguaje, la literatura y la cultura.

hace 3 h
La ideología se esconde en el lenguaje, la literatura y la cultura

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Un ensayo publicado en El Nuevo Diario explora cómo la ideología no se manifiesta de forma explícita, sino que se vuelve parte de lo que se considera natural o evidente en el lenguaje, la literatura y la cultura. El texto se basa en la obra del lingüista y poeta francés Henri Meschonnic, quien argumenta que el signo lingüístico no es una unidad neutral, sino una construcción histórica que oculta su propia historicidad. Según Meschonnic, el lenguaje no solo transmite ideas, sino que también construye ideologías al hacer pasar por «obvio» lo que en realidad es una relación de poder.

El ensayo también menciona la distinción que Meschonnic hace entre dos tipos de literatura: la «literatura del signo», que reproduce fórmulas ya validadas y es aceptada por los Estados, y la «obra literaria de verdadero valor», que se opone a la ideología dominante. Según Diógenes Céspedes, quien fue estudiante de Meschonnic, el valor literario se define por la «invención de una historicidad radical», es decir, por la capacidad de renovar el arte en lugar de repetir logros ya conocidos.

Además, el ensayo conecta la crítica de Meschonnic sobre el signo lingüístico con la teoría política de Louis Althusser, quien argumenta que las instituciones de poder (como la escuela, los medios y la familia) reproducen la ideología dominante sin necesidad de un decreto explícito. La literatura del signo, según Céspedes, no sobrevive porque sea mejor, sino porque es la única que las instituciones pueden absorber sin fricción.

El texto también menciona a Terry Eagleton, quien señala que la función más eficaz de la ideología no es imponerse por la fuerza, sino naturalizar lo histórico, hacer que el orden construido parezca «lo que siempre ha sido». Esta operación, según Eagleton, es la misma que Meschonnic identifica en el signo lingüístico y en el consenso de los mercados culturales: una construcción disputada que termina presentándose como evidencia incuestionable.

El ensayo concluye señalando que la ideología más eficaz es la que no se declara, sino que se vuelve costumbre, gramática y premio institucional. Nombrarla, según el texto, ya es un acto de resistencia. No se necesita un programa completo para interrumpir la naturalización de la ideología: basta con señalar, con precisión, el punto exacto donde lo construido se hace pasar por evidente.

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